Se cuenta la historia de un misionero que llegó a una remota tribu, en la cual hasta ese momento, no habían oído hablar de la vida y obra de Jesús. Desde que llegó, por varios días les contó la historia del Señor, y el jefe de la tribu que al inicio sentía desconfianza del extraño individuo, poco a poco fue atraído hacia esta interesante y única historia; así cada vez más a menudo se acercaba a oír con detenimiento, todo lo que aquel hombre les decía acerca de este Hijo de Dios. Cuando el misionero, llegó a la semana del relato sobre la pasión y muerte de nuestro Señor, el jefe escuchó de toda la crueldad con que injustamente trataron a Jesús, los golpes, los juicios, la traición, la ira y el odio, no pudo soportarlo más y gritó: “¡Deténgase! ¡Por favor bájenlo de la cruz! ¡Yo soy el que tengo que estar ahí, no este Justo! El jefe había comprendido el extraordinario e inmerecido mensaje del evangelio, entendió que él era el pecador y que nuestro Señor no tenía pecad...